Las autoridades de la ciudad no entendían nada de lo sucedido, los hechos son evidentes; entran en la casa de un conocido mercader de textiles, Reinhard Deil, sin forzar puertas o ventanas, no roban nada, pero acaban con sus guardas, la servidumbre y con el dueño de la casa sin que ninguno tuviese tiempo de desenvainar o defenderse, y con toda la tranquilidad del mundo, el asesino o asesinos dejan una curiosa firma, una única flor sobre el cuerpo de Reinhard que los expertos han catalogado de lirio sangriento por su color rojo intenso.
--------------------Una semana antes--------------------
Malena había conseguido entrar en contacto con ella a través de un extraño camino. El barrio pobre de la ciudad no había sido muy agradable para ella ya que su educación y su vida habían sido siempre acomodada, decente y sobretodo llena de lujos. En esa zona de su querida ciudad la miraban con recelo, odio, lujuria y más de una sonrisa lobuna cargada de codicia. Pero ella estaba decidida, su destino era claro y por un rato de mal olor e incomodidad no pasaría nada. Se acercó altiva a una mujer de ropas descocadas y mucha pintura en su cara. Su cabello era de color rojo como la sangre, “Teñido, seguro. Es demasiado intenso para alguien como ella”, llegó a pensar la noble.
- Disculpe señorita, buscaba a una persona que me dijeron que podría hallar aquí. La llaman Lirio Rojo –Dijo temerosa mientras escondía sus temblorosas manos entre sus telas.
-¿Quién se supone quiere hablar con ella? –Preguntó la prostituta con una sardónica sonrisa y voz cascada.
-Mi nombre es Malena Siernes, hija de la casa Siernes Dibrey –Respondió la joven armándose de valor.
La prostituta no abandonó su gesto irónico, y comenzó a hablar en susurros.
-Bien señorita Dibrey. Salid a cabalgar cerca de la mina, los almendros han florecido y están muy hermosos, será una agradable vista para una hermosa noble –Comentó la mujer mientras giraba sobre sus talones y abandonaba el lugar.
Casi a la carrera abandonó el descuidado barrio y se dirigió a su casa. Se cambió de ropas – nada muy suntuoso, un vestido de brocado bordado a mano con motivos en tonos verdes, una fina red cuajada de perlas sobre su oscuro cabello. Una pequeña capa de armiño cubriendo sus desnudos hombros, y un elegante collar de diamantes que hacían resaltar su esbelto cuello – y se encaminó al establo donde su palafrén blanco, Beldaiel, esperaba ungido y listo para partir.
Los almendros estaban realmente hermosos, sus pétalos rosas y blancos se esparcían por la verde hierva y revoloteaban por el aún fresco aire de promesa de primavera. Por un momento, Malena olvidó el verdadero motivo de su paseo y se deleitó con la visión. Desmontó y casi reverencialmente se acercó a uno de los árboles, admirando bajo la luz del sol el color y la forma que le ofrecía la Naturaleza, la belleza la envolvió.
De pronto esa sensación desapareció, una nube se interpuso delante del sol, los almendros adquirían un tono más triste, el aire levantó pétalos formando un curioso remolino. De entre ellos una oscura figura apareció acercándose con gracilidad hacia donde allí se encontraba. La sensación que tuvo la joven es que el remolino había traído a esa persona, pero tras unos instantes de duda recordó el motivo que la había llevado hasta allí.
La figura caminó en silencio hacia ella. Sus holgadas ropas hacían difícil reconocer su sexo, su cabeza iba cubierta por una capucha y su cara por el embozo de su capa. Cuando habló su voz era claramente femenina, pero no denotaba ningún sentimiento, fría, neutral.
-Lady Siernes Dibrey, un placer el conocernos por fin –Comentó la enigmática mujer mientras realizaba una marcada reverencia con su enguantada mano apoyada en su pecho.
-Supongo que usted debe ser Lirio Rojo -Respondió Malena mientras agarraba con fuerza su pequeña capa, como si esta fuese un escudo contra lo que le pudiese hacer su interlocutora.
-Así es mi Señora. Hable sin temor, estoy aquí para escucharla.
Sólo sus ojos se podían ver a través de su embozo. El sol salió de nuevo y los reveló color ámbar, su miraba estaba cargada de desafío. La noble tomó aire y habló.
-Como debe saber, mi padre es un importante hombre de negocios. Trata con todo tipo de mercancías, sobretodo con telas y artesanía. Hace poco, un joven comerciante llamado Reinhard Deil se ha establecido en la ciudad, vendiendo nuestras mismas mercancías textiles pero a menor precio. Por desgracia, así se esta ganando la fama en la ciudad, a pesar de que es un don nadie sin apellido noble –Explicaba la mujer cada vez más confiada- Mi padre se siente ultrajado por su osadía. No es que ese cualquiera pueda igualar nuestro estatus, no, solo quiere evitar futuros problemas, ¿entiende?
Lirio Rojo asintió levemente. Se ajustó los guantes de piel, se agachó y recogió un puñado de pétalos del suelo.
-¿Qué desea su noble familia de mí?
La joven se estremeció, no imaginaba que resultase tan difícil, había ensayado miles de veces delante de su tocador esa misma conversación pero ahora era la hora de la verdad. ¿Qué sentía? ¿Miedo? ¿Repulsa? Se reprendió a si misma. “¿Dudas ahora Malena? no seas estúpida”. Su único gesto fue una lacónica sonrisa buscando la simpatía de la mujer con la que conversaba.
- Mi familia quiere que se encargue de ese hombre, no una paliza ni asustarle. Debe acabar con él –Inquirió la noble dama mientras con un dedo recorría de lado a lado de su cuello evidenciando el claro gesto. Confiada por su sorprendente fortaleza, continuó con su perorata.- Su casa está al límite del barrio rico de la ciudad. Es bastante llamativa, tiene las paredes pintadas de azul y amarillo, además de guardas en la puerta. Bastante temeroso de los ladrones ¿sabe? Así que también tiene guardas dentro de la casa, dos fuera y cuatro dentro junto con una sirvienta. Se preguntará por qué sé todo eso, supongo. He estado de visita allí, como hija de mi padre soy la encargada de hacer negocios con otros. Estuve muy atenta a esos detalles –Comentaba con una sonrisa de orgullo en sus labios.
-Es usted muy amable dándome esos detalles Lady Siernes Dibrey, pero falta un detalle antes de que pueda aceptar su encargo, ¿no cree? – la voz que salía de la capucha era tranquila, seguía igual de fría.
-¡Ah! Por supuesto, sus honorarios. Mi familia estará dispuesta a pagarle diez mil aceros además de una serie de equipo de gran calidad tales como botas de piel, cinturones traídos desde lejanas tierras, capas exóticas… Todo de gran valor, por supuesto.
-Me parece bien. Quiero la mitad ahora, el resto dentro de una semana cuando acabe mi trabajo. Y no se preocupe, yo me encargaré de encontrarla a usted –Respondió en paz la mujer mientras aplastaba en su mano los pocos pétalos que aún el viento no había arrebatado de su palma.
La hija de los Siernes echó mano a su bolsa. Se había imaginado que habría esa condición, ella era buena comerciante y sabía que en los negocios había que arriesgar de vez en cuando. Le lanzó un pequeño saquito de terciopelo verde.
-Ahí tiene la mitad en joyas, Lirio. Haga buen uso de ello –Comentó dándose aires de grandeza.
-Le recomiendo una cosa si me permite. Celebre una fiesta la noche de dentro de una semana. No algo muy escandaloso, sólo lo suficiente sonado para que las sospechas no recaigan en usted y su familia. Deben estar presentes algún miembro importante de la guardia de la ciudad y su familia al completo debe estar como anfitriones.
La noble se sorprendió ante la perspicacia de la asesina. Ellos eran la mayor competencia de textil de la ciudad, pensarían en ellos los primeros si le ocurría algo a Reinhard, una buena coartada.
-Tiene razón, así se hará, deje eso en mis manos.
Lirio Rojo asintió. El viento sopló de nuevo levantando pétalos de almendro, creando un remolino de tonos rosados. La oscura figura envuelta en telas desapareció entre ellos, esfumándose como un fantasma, solo una voz se oyó susurrante en el oído de Malena.
-Es un placer hacer negocios con usted, suerte.
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Malena había conseguido entrar en contacto con ella a través de un extraño camino. El barrio pobre de la ciudad no había sido muy agradable para ella ya que su educación y su vida habían sido siempre acomodada, decente y sobretodo llena de lujos. En esa zona de su querida ciudad la miraban con recelo, odio, lujuria y más de una sonrisa lobuna cargada de codicia. Pero ella estaba decidida, su destino era claro y por un rato de mal olor e incomodidad no pasaría nada. Se acercó altiva a una mujer de ropas descocadas y mucha pintura en su cara. Su cabello era de color rojo como la sangre, “Teñido, seguro. Es demasiado intenso para alguien como ella”, llegó a pensar la noble.
- Disculpe señorita, buscaba a una persona que me dijeron que podría hallar aquí. La llaman Lirio Rojo –Dijo temerosa mientras escondía sus temblorosas manos entre sus telas.
-¿Quién se supone quiere hablar con ella? –Preguntó la prostituta con una sardónica sonrisa y voz cascada.
-Mi nombre es Malena Siernes, hija de la casa Siernes Dibrey –Respondió la joven armándose de valor.
La prostituta no abandonó su gesto irónico, y comenzó a hablar en susurros.
-Bien señorita Dibrey. Salid a cabalgar cerca de la mina, los almendros han florecido y están muy hermosos, será una agradable vista para una hermosa noble –Comentó la mujer mientras giraba sobre sus talones y abandonaba el lugar.
Casi a la carrera abandonó el descuidado barrio y se dirigió a su casa. Se cambió de ropas – nada muy suntuoso, un vestido de brocado bordado a mano con motivos en tonos verdes, una fina red cuajada de perlas sobre su oscuro cabello. Una pequeña capa de armiño cubriendo sus desnudos hombros, y un elegante collar de diamantes que hacían resaltar su esbelto cuello – y se encaminó al establo donde su palafrén blanco, Beldaiel, esperaba ungido y listo para partir.
Los almendros estaban realmente hermosos, sus pétalos rosas y blancos se esparcían por la verde hierva y revoloteaban por el aún fresco aire de promesa de primavera. Por un momento, Malena olvidó el verdadero motivo de su paseo y se deleitó con la visión. Desmontó y casi reverencialmente se acercó a uno de los árboles, admirando bajo la luz del sol el color y la forma que le ofrecía la Naturaleza, la belleza la envolvió.
De pronto esa sensación desapareció, una nube se interpuso delante del sol, los almendros adquirían un tono más triste, el aire levantó pétalos formando un curioso remolino. De entre ellos una oscura figura apareció acercándose con gracilidad hacia donde allí se encontraba. La sensación que tuvo la joven es que el remolino había traído a esa persona, pero tras unos instantes de duda recordó el motivo que la había llevado hasta allí.
La figura caminó en silencio hacia ella. Sus holgadas ropas hacían difícil reconocer su sexo, su cabeza iba cubierta por una capucha y su cara por el embozo de su capa. Cuando habló su voz era claramente femenina, pero no denotaba ningún sentimiento, fría, neutral.
-Lady Siernes Dibrey, un placer el conocernos por fin –Comentó la enigmática mujer mientras realizaba una marcada reverencia con su enguantada mano apoyada en su pecho.
-Supongo que usted debe ser Lirio Rojo -Respondió Malena mientras agarraba con fuerza su pequeña capa, como si esta fuese un escudo contra lo que le pudiese hacer su interlocutora.
-Así es mi Señora. Hable sin temor, estoy aquí para escucharla.
Sólo sus ojos se podían ver a través de su embozo. El sol salió de nuevo y los reveló color ámbar, su miraba estaba cargada de desafío. La noble tomó aire y habló.
-Como debe saber, mi padre es un importante hombre de negocios. Trata con todo tipo de mercancías, sobretodo con telas y artesanía. Hace poco, un joven comerciante llamado Reinhard Deil se ha establecido en la ciudad, vendiendo nuestras mismas mercancías textiles pero a menor precio. Por desgracia, así se esta ganando la fama en la ciudad, a pesar de que es un don nadie sin apellido noble –Explicaba la mujer cada vez más confiada- Mi padre se siente ultrajado por su osadía. No es que ese cualquiera pueda igualar nuestro estatus, no, solo quiere evitar futuros problemas, ¿entiende?
Lirio Rojo asintió levemente. Se ajustó los guantes de piel, se agachó y recogió un puñado de pétalos del suelo.
-¿Qué desea su noble familia de mí?
La joven se estremeció, no imaginaba que resultase tan difícil, había ensayado miles de veces delante de su tocador esa misma conversación pero ahora era la hora de la verdad. ¿Qué sentía? ¿Miedo? ¿Repulsa? Se reprendió a si misma. “¿Dudas ahora Malena? no seas estúpida”. Su único gesto fue una lacónica sonrisa buscando la simpatía de la mujer con la que conversaba.
- Mi familia quiere que se encargue de ese hombre, no una paliza ni asustarle. Debe acabar con él –Inquirió la noble dama mientras con un dedo recorría de lado a lado de su cuello evidenciando el claro gesto. Confiada por su sorprendente fortaleza, continuó con su perorata.- Su casa está al límite del barrio rico de la ciudad. Es bastante llamativa, tiene las paredes pintadas de azul y amarillo, además de guardas en la puerta. Bastante temeroso de los ladrones ¿sabe? Así que también tiene guardas dentro de la casa, dos fuera y cuatro dentro junto con una sirvienta. Se preguntará por qué sé todo eso, supongo. He estado de visita allí, como hija de mi padre soy la encargada de hacer negocios con otros. Estuve muy atenta a esos detalles –Comentaba con una sonrisa de orgullo en sus labios.
-Es usted muy amable dándome esos detalles Lady Siernes Dibrey, pero falta un detalle antes de que pueda aceptar su encargo, ¿no cree? – la voz que salía de la capucha era tranquila, seguía igual de fría.
-¡Ah! Por supuesto, sus honorarios. Mi familia estará dispuesta a pagarle diez mil aceros además de una serie de equipo de gran calidad tales como botas de piel, cinturones traídos desde lejanas tierras, capas exóticas… Todo de gran valor, por supuesto.
-Me parece bien. Quiero la mitad ahora, el resto dentro de una semana cuando acabe mi trabajo. Y no se preocupe, yo me encargaré de encontrarla a usted –Respondió en paz la mujer mientras aplastaba en su mano los pocos pétalos que aún el viento no había arrebatado de su palma.
La hija de los Siernes echó mano a su bolsa. Se había imaginado que habría esa condición, ella era buena comerciante y sabía que en los negocios había que arriesgar de vez en cuando. Le lanzó un pequeño saquito de terciopelo verde.
-Ahí tiene la mitad en joyas, Lirio. Haga buen uso de ello –Comentó dándose aires de grandeza.
-Le recomiendo una cosa si me permite. Celebre una fiesta la noche de dentro de una semana. No algo muy escandaloso, sólo lo suficiente sonado para que las sospechas no recaigan en usted y su familia. Deben estar presentes algún miembro importante de la guardia de la ciudad y su familia al completo debe estar como anfitriones.
La noble se sorprendió ante la perspicacia de la asesina. Ellos eran la mayor competencia de textil de la ciudad, pensarían en ellos los primeros si le ocurría algo a Reinhard, una buena coartada.
-Tiene razón, así se hará, deje eso en mis manos.
Lirio Rojo asintió. El viento sopló de nuevo levantando pétalos de almendro, creando un remolino de tonos rosados. La oscura figura envuelta en telas desapareció entre ellos, esfumándose como un fantasma, solo una voz se oyó susurrante en el oído de Malena.
-Es un placer hacer negocios con usted, suerte.

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