Se que no he actualizado estos dias, pero estoy escribiendo mas cosas para ponerlas aqui. Tras esta introduccion empezare con la historia con mas logica.
Gracias por leer :)
lunes, 26 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
A veces los malos ganan (parte 3)
Finalmente, llegó a su verdadero objetivo. Antes de entrar en la habitación del dueño sacó de su cinto una varita. La agitó haciendo un gesto circular y se tocó a si misma. En ese instante su cuerpo adquirió una tonalidad azul, casi transparente, fantasmagórica, y de esa guisa entró en la habitación de Reinhard desenvainando sus armas asegurándose de producir el ruido suficiente para que se la escuchase.
Algo inesperado ocurrió. Al pasar el umbral de la puerta un lacerante dolor atravesó el hombro izquierdo de la mujer. Al mirarse se encontró unas finas y largas agujas clavadas en el, y por la sensación de entumecimiento que empezó a extenderse, estaban envenenadas. Esto hizo que la rabia ardiese dentro de ella, no había pensado en posibles trampas. Por suerte el conjuro que la rodeaba hacia más lento el efecto del somnífero, así que se dispuso a finiquitar su tarea. Se dio cuenta de que Reinhard estaba despierto, mirándola como si fuera un fantasma.
-Por los Dioses... –Murmuró Reinhard– Ha aguantado varios impactos de la trampa y no se ha caído... ¿Qué eres?
La mujer, intentando disimular que no podía usar el brazo izquierdo, se acercó a la cama despacio. El enjuto hombre de rostro agraciado, ojos tiernos y ojos color azabache la miró realmente asustado.
-¿Eres un fantasma? – Al no recibir contestación retrocedió, chocando contra el cabecero de su cama – No... no.. no me hagas daño, por favor.
Los ojos ambarinos de la mujer brillaron. Su boca, tapada por telas se curvó en una elegante e irónica sonrisa. Habló, y cuando lo hizo, su tono de voz era alegre, casi risueño, que hizo que el mercader se estremeciera.
-Soy tu Muerte, Reinhard. Hay personas que no quieren que vivas, y ellos me han pagado lo suficiente para ello. Así que me conviene que mueras, ¿no crees? No te resistas, te dolerá menos y no me han pagado por torturarte –Inquirió la mujer mientras avanzaba con las armas en sus manos.
Sin darle tiempo a rechistar y con el ruido de la lluvia golpeando los cristales, trazó un arco con su fina y curvada arma. Ésta dibujó una profunda diagonal escarlata en el pecho del hombre, el cual, gimió ahogadamente. La sangre empezó a empapar las blancas sabanas. La mujer metió su mano despierta en una de las bolsitas que llevaba en el cinturón y saco una flor, dejándola suavemente en la mano del muerto. Su color rojo era muy parecido al de la sangre que manchaba la cama.
La asesina abandonó el lugar por donde había entrado colocando todo de nuevo apresuradamente. El efecto del conjuro desaparecería enseguida y no quería caer dormida en medio de la escena del crimen. Rápidamente se cubrió de nuevo con la capa y salió a la noche por el tejado. Con las manos cada vez más entumecidas colocó las tejas y corrió por el tejado buscando otro cercano para huir. Saltó y calló pesadamente en el siguiente partiendo una de las tejas húmedas. Con la vista cada vez mas nublada corrió a su refugio, las fuerzas comenzaban a fallarla.
Algo inesperado ocurrió. Al pasar el umbral de la puerta un lacerante dolor atravesó el hombro izquierdo de la mujer. Al mirarse se encontró unas finas y largas agujas clavadas en el, y por la sensación de entumecimiento que empezó a extenderse, estaban envenenadas. Esto hizo que la rabia ardiese dentro de ella, no había pensado en posibles trampas. Por suerte el conjuro que la rodeaba hacia más lento el efecto del somnífero, así que se dispuso a finiquitar su tarea. Se dio cuenta de que Reinhard estaba despierto, mirándola como si fuera un fantasma.
-Por los Dioses... –Murmuró Reinhard– Ha aguantado varios impactos de la trampa y no se ha caído... ¿Qué eres?
La mujer, intentando disimular que no podía usar el brazo izquierdo, se acercó a la cama despacio. El enjuto hombre de rostro agraciado, ojos tiernos y ojos color azabache la miró realmente asustado.
-¿Eres un fantasma? – Al no recibir contestación retrocedió, chocando contra el cabecero de su cama – No... no.. no me hagas daño, por favor.
Los ojos ambarinos de la mujer brillaron. Su boca, tapada por telas se curvó en una elegante e irónica sonrisa. Habló, y cuando lo hizo, su tono de voz era alegre, casi risueño, que hizo que el mercader se estremeciera.
-Soy tu Muerte, Reinhard. Hay personas que no quieren que vivas, y ellos me han pagado lo suficiente para ello. Así que me conviene que mueras, ¿no crees? No te resistas, te dolerá menos y no me han pagado por torturarte –Inquirió la mujer mientras avanzaba con las armas en sus manos.
Sin darle tiempo a rechistar y con el ruido de la lluvia golpeando los cristales, trazó un arco con su fina y curvada arma. Ésta dibujó una profunda diagonal escarlata en el pecho del hombre, el cual, gimió ahogadamente. La sangre empezó a empapar las blancas sabanas. La mujer metió su mano despierta en una de las bolsitas que llevaba en el cinturón y saco una flor, dejándola suavemente en la mano del muerto. Su color rojo era muy parecido al de la sangre que manchaba la cama.
La asesina abandonó el lugar por donde había entrado colocando todo de nuevo apresuradamente. El efecto del conjuro desaparecería enseguida y no quería caer dormida en medio de la escena del crimen. Rápidamente se cubrió de nuevo con la capa y salió a la noche por el tejado. Con las manos cada vez más entumecidas colocó las tejas y corrió por el tejado buscando otro cercano para huir. Saltó y calló pesadamente en el siguiente partiendo una de las tejas húmedas. Con la vista cada vez mas nublada corrió a su refugio, las fuerzas comenzaban a fallarla.
jueves, 15 de enero de 2009
A veces los malos ganan (parte 2)
--------------------Seis días después--------------------
La luna escondía su rostro detrás de una capa de gruesas nubes. El ambiente era húmedo y algunos truenos resonaban a lo lejos. Una figura inmóvil, vigilante sobre los tejados de la ciudad. Como un gato, su gruesa capa se agitaba fuertemente bajo el viento, su presencia pasaba desapercibida.
Con un ágil salto, cambió su posición a otro tejado, sus ropas ondearon tras ella. Sus pies se posaron sobre las lajas de pizarra sin un sonido, sin apenas notar su peso. “Que empiece la fiesta”, pensó la asesina. En cinco días se conocía la casa de su víctima con todo lujo de detalles. Había vigilado, investigado, probado y ahora nada podía salir mal. La lluvia empezó a caer, al principio suave pero tornándose más agresiva quedando empapada la mujer sobre el tejado.
Se agachó y con cuidado cogió una teja oscura y la aparto a un lado. Hizo lo mismo con varias a su alrededor dejando un oscuro agujero en el tejado. Previamente alguien había apartado la paja de debajo, y por allí se coló la asesina. El lugar donde se encontraba ahora olía a resina y a excrementos de animal. Un leve fulgor se filtraba de entre las rendijas del suelo. El techo inclinado era bajo, apenas podía estar de rodillas, evidentemente se trataba de una cámara aislante.
Para mayor comodidad la joven se desprendió de su capa. Su cabeza y su rostro aún seguían cubiertos por telas, sólo sus ambarinos ojos desafiantes destacaban. Su cuerpo cubierto por una armadura de oscuro y suave cuero. La armadura se ajustaba a su delgado cuerpo como un guante. En su muslo reposaba una daga y en su cinto dos delgadas y curvadas espadas. Con movimientos felinos y silenciosos empezó a moverse de viga en viga, hacia un extremo; la casa era de una sola planta, de techo alto, y esta cámara cubría toda ella, aislándola del calor en verano, del frío en invierno, y protegiendo de goteras en época de lluvias.
Se oían voces debajo de ella, retazos de las conversaciones de los guardas en susurros. El dueño de la casa dormía, temeroso de los ladrones sólo tenía apostados dos en la planta principal, el resto estaba en el sótano. En ese lugar era donde guardaba su dinero y joyas. La sirvienta dormía cerca de la cocina, en una pequeña estancia apenas amueblada. La mujer arrastró con la confianza que le da lo conocido, no era la primera vez que estaba ahí. Movió un tablón encubierta por el ruido de los relámpagos.
-Te digo que es verdad, Reinhard ha dado muchísimo dinero a la ciudad para poder protegerla de ataques y todo eso. Creo que han comprado armas y contratado más hombres –Murmuró una voz grave.
-Pero, ¿era tanto dinero como para hacerle tan famoso? Es increíble.
-Bueno, no soy yo quién para decir nada de otros, pero según he oído, cuando él aún era un crío sus padres murieron en un ataque a su casa. Creo que quiere que la ciudad entera esté segura, no sólo él –Volvió a comentar la primera persona en un hilillo de voz.
-¡Que hombre! Bueno, aunque me dio permiso la semana pasada para ir a visitar a mi madre además de darme varios aceros para el viaje. No debería extrañarme de su generosidad –Respondió a su vez la segunda vez ahora más impresionado.
Los hombres hablaban con susurros, pero la mujer sobre sus cabezas lo oyó todo con claridad. Sonrió para si, poco le importaba cómo fuese su victima, a ella lo que le importaba era hacer su trabajo limpiamente y cobrar. De un lento movimiento desenvainó sus armas con la sonrisa aún en sus labios.
Sólo necesitó un instante. Deslizarse desde el techo, caer detrás de los hombres sin apenas un ruido de sus suaves botas y atravesar con un gesto a los dos hombres, que de la sorpresa sólo emitieron un leve gemido al caer. Sus corazones habían sido atravesados habilidosamente por detrás.
La mujer se movió deprisa, se escondió detrás de un enorme sillón alerta. No parecía que nadie se hubiese percatado de la muerte de los guardas. Lentamente buscó la habitación de la sirvienta. La encontró atravesando la cocina. Una anciana de cabellos plateados profundamente dormida. En su mesilla de noche una vela apagada junto a unas agujas de hacer punto, donde su labor ya revelaba la forma de un pequeño camisón. La asesina se acercó a la ventana y miro a través de ella. La lluvia aún arreciaba formando una cortina de agua sobre la superficie de cristal. Con lentitud cogió un cojín que adornaba una mecedora cercana y se acercó a la cama.
La anciana intentó apartar las manos que apretaban el cojín contra su cara, pero su fin era inevitable. Una vez quieta, la mujer quitó su improvisada arma del rostro de la criada, y recolocó su cabeza de tal forma que aún parecía dormida.
El sótano era su próximo objetivo. Desde su escondite en el techo, mientras vigilaba los movimientos de los habitantes de la casa en los últimos días, había visto como Reinhard movía la estantería de su estudio revelando que era una puerta falsa hacia su sótano. Repitió el mismo patrón que el dueño del hogar. Por suerte, los goznes giraron sin ruido. Unas escaleras bajaban, se oían risas y conversaciones masculinas. La mujer metió la mano en una de los saquillos que llevaba colgando del cinturón, y sacó un pequeño paquete de papel enrollado. Se trataba de una composición de veneno en polvo. Según le había asegurado el vendedor que se lo suministraba, se trataba de un poderoso veneno que atrofiaba y secaba las vías respiratorias, lo que provocaba que las víctimas muriesen entre horribles espasmos de dolor.
Lirio Rojo se fundió con las sombras de la escalera, y paquete en mano con el mayor sigilo posible bajo hasta el sótano. Los hombres parecían ebrios, cantaban y reían celebrando algo. Tranquilamente se plantó en la puerta y por fortuna ellos ni se percataron de su presencia. Con un gesto casi desganado les lanzó el paquete, el cual, calló dentro del círculo de camarería que habían formado, rompiéndose y esparciendo su contenido entre ellos. La mujer ya había girado sobre sus talones y había vuelto a subir las escaleras cerrando la puerta falsa tras ella. Pronto empezaron a escucharse gorgoteos agónicos, la estantería ahogaba todos los sonidos.
La luna escondía su rostro detrás de una capa de gruesas nubes. El ambiente era húmedo y algunos truenos resonaban a lo lejos. Una figura inmóvil, vigilante sobre los tejados de la ciudad. Como un gato, su gruesa capa se agitaba fuertemente bajo el viento, su presencia pasaba desapercibida.
Con un ágil salto, cambió su posición a otro tejado, sus ropas ondearon tras ella. Sus pies se posaron sobre las lajas de pizarra sin un sonido, sin apenas notar su peso. “Que empiece la fiesta”, pensó la asesina. En cinco días se conocía la casa de su víctima con todo lujo de detalles. Había vigilado, investigado, probado y ahora nada podía salir mal. La lluvia empezó a caer, al principio suave pero tornándose más agresiva quedando empapada la mujer sobre el tejado.
Se agachó y con cuidado cogió una teja oscura y la aparto a un lado. Hizo lo mismo con varias a su alrededor dejando un oscuro agujero en el tejado. Previamente alguien había apartado la paja de debajo, y por allí se coló la asesina. El lugar donde se encontraba ahora olía a resina y a excrementos de animal. Un leve fulgor se filtraba de entre las rendijas del suelo. El techo inclinado era bajo, apenas podía estar de rodillas, evidentemente se trataba de una cámara aislante.
Para mayor comodidad la joven se desprendió de su capa. Su cabeza y su rostro aún seguían cubiertos por telas, sólo sus ambarinos ojos desafiantes destacaban. Su cuerpo cubierto por una armadura de oscuro y suave cuero. La armadura se ajustaba a su delgado cuerpo como un guante. En su muslo reposaba una daga y en su cinto dos delgadas y curvadas espadas. Con movimientos felinos y silenciosos empezó a moverse de viga en viga, hacia un extremo; la casa era de una sola planta, de techo alto, y esta cámara cubría toda ella, aislándola del calor en verano, del frío en invierno, y protegiendo de goteras en época de lluvias.
Se oían voces debajo de ella, retazos de las conversaciones de los guardas en susurros. El dueño de la casa dormía, temeroso de los ladrones sólo tenía apostados dos en la planta principal, el resto estaba en el sótano. En ese lugar era donde guardaba su dinero y joyas. La sirvienta dormía cerca de la cocina, en una pequeña estancia apenas amueblada. La mujer arrastró con la confianza que le da lo conocido, no era la primera vez que estaba ahí. Movió un tablón encubierta por el ruido de los relámpagos.
-Te digo que es verdad, Reinhard ha dado muchísimo dinero a la ciudad para poder protegerla de ataques y todo eso. Creo que han comprado armas y contratado más hombres –Murmuró una voz grave.
-Pero, ¿era tanto dinero como para hacerle tan famoso? Es increíble.
-Bueno, no soy yo quién para decir nada de otros, pero según he oído, cuando él aún era un crío sus padres murieron en un ataque a su casa. Creo que quiere que la ciudad entera esté segura, no sólo él –Volvió a comentar la primera persona en un hilillo de voz.
-¡Que hombre! Bueno, aunque me dio permiso la semana pasada para ir a visitar a mi madre además de darme varios aceros para el viaje. No debería extrañarme de su generosidad –Respondió a su vez la segunda vez ahora más impresionado.
Los hombres hablaban con susurros, pero la mujer sobre sus cabezas lo oyó todo con claridad. Sonrió para si, poco le importaba cómo fuese su victima, a ella lo que le importaba era hacer su trabajo limpiamente y cobrar. De un lento movimiento desenvainó sus armas con la sonrisa aún en sus labios.
Sólo necesitó un instante. Deslizarse desde el techo, caer detrás de los hombres sin apenas un ruido de sus suaves botas y atravesar con un gesto a los dos hombres, que de la sorpresa sólo emitieron un leve gemido al caer. Sus corazones habían sido atravesados habilidosamente por detrás.
La mujer se movió deprisa, se escondió detrás de un enorme sillón alerta. No parecía que nadie se hubiese percatado de la muerte de los guardas. Lentamente buscó la habitación de la sirvienta. La encontró atravesando la cocina. Una anciana de cabellos plateados profundamente dormida. En su mesilla de noche una vela apagada junto a unas agujas de hacer punto, donde su labor ya revelaba la forma de un pequeño camisón. La asesina se acercó a la ventana y miro a través de ella. La lluvia aún arreciaba formando una cortina de agua sobre la superficie de cristal. Con lentitud cogió un cojín que adornaba una mecedora cercana y se acercó a la cama.
La anciana intentó apartar las manos que apretaban el cojín contra su cara, pero su fin era inevitable. Una vez quieta, la mujer quitó su improvisada arma del rostro de la criada, y recolocó su cabeza de tal forma que aún parecía dormida.
El sótano era su próximo objetivo. Desde su escondite en el techo, mientras vigilaba los movimientos de los habitantes de la casa en los últimos días, había visto como Reinhard movía la estantería de su estudio revelando que era una puerta falsa hacia su sótano. Repitió el mismo patrón que el dueño del hogar. Por suerte, los goznes giraron sin ruido. Unas escaleras bajaban, se oían risas y conversaciones masculinas. La mujer metió la mano en una de los saquillos que llevaba colgando del cinturón, y sacó un pequeño paquete de papel enrollado. Se trataba de una composición de veneno en polvo. Según le había asegurado el vendedor que se lo suministraba, se trataba de un poderoso veneno que atrofiaba y secaba las vías respiratorias, lo que provocaba que las víctimas muriesen entre horribles espasmos de dolor.
Lirio Rojo se fundió con las sombras de la escalera, y paquete en mano con el mayor sigilo posible bajo hasta el sótano. Los hombres parecían ebrios, cantaban y reían celebrando algo. Tranquilamente se plantó en la puerta y por fortuna ellos ni se percataron de su presencia. Con un gesto casi desganado les lanzó el paquete, el cual, calló dentro del círculo de camarería que habían formado, rompiéndose y esparciendo su contenido entre ellos. La mujer ya había girado sobre sus talones y había vuelto a subir las escaleras cerrando la puerta falsa tras ella. Pronto empezaron a escucharse gorgoteos agónicos, la estantería ahogaba todos los sonidos.
miércoles, 14 de enero de 2009
A veces los malos ganan (parte 1)
Las autoridades de la ciudad no entendían nada de lo sucedido, los hechos son evidentes; entran en la casa de un conocido mercader de textiles, Reinhard Deil, sin forzar puertas o ventanas, no roban nada, pero acaban con sus guardas, la servidumbre y con el dueño de la casa sin que ninguno tuviese tiempo de desenvainar o defenderse, y con toda la tranquilidad del mundo, el asesino o asesinos dejan una curiosa firma, una única flor sobre el cuerpo de Reinhard que los expertos han catalogado de lirio sangriento por su color rojo intenso.
--------------------Una semana antes--------------------
Malena había conseguido entrar en contacto con ella a través de un extraño camino. El barrio pobre de la ciudad no había sido muy agradable para ella ya que su educación y su vida habían sido siempre acomodada, decente y sobretodo llena de lujos. En esa zona de su querida ciudad la miraban con recelo, odio, lujuria y más de una sonrisa lobuna cargada de codicia. Pero ella estaba decidida, su destino era claro y por un rato de mal olor e incomodidad no pasaría nada. Se acercó altiva a una mujer de ropas descocadas y mucha pintura en su cara. Su cabello era de color rojo como la sangre, “Teñido, seguro. Es demasiado intenso para alguien como ella”, llegó a pensar la noble.
- Disculpe señorita, buscaba a una persona que me dijeron que podría hallar aquí. La llaman Lirio Rojo –Dijo temerosa mientras escondía sus temblorosas manos entre sus telas.
-¿Quién se supone quiere hablar con ella? –Preguntó la prostituta con una sardónica sonrisa y voz cascada.
-Mi nombre es Malena Siernes, hija de la casa Siernes Dibrey –Respondió la joven armándose de valor.
La prostituta no abandonó su gesto irónico, y comenzó a hablar en susurros.
-Bien señorita Dibrey. Salid a cabalgar cerca de la mina, los almendros han florecido y están muy hermosos, será una agradable vista para una hermosa noble –Comentó la mujer mientras giraba sobre sus talones y abandonaba el lugar.
Casi a la carrera abandonó el descuidado barrio y se dirigió a su casa. Se cambió de ropas – nada muy suntuoso, un vestido de brocado bordado a mano con motivos en tonos verdes, una fina red cuajada de perlas sobre su oscuro cabello. Una pequeña capa de armiño cubriendo sus desnudos hombros, y un elegante collar de diamantes que hacían resaltar su esbelto cuello – y se encaminó al establo donde su palafrén blanco, Beldaiel, esperaba ungido y listo para partir.
Los almendros estaban realmente hermosos, sus pétalos rosas y blancos se esparcían por la verde hierva y revoloteaban por el aún fresco aire de promesa de primavera. Por un momento, Malena olvidó el verdadero motivo de su paseo y se deleitó con la visión. Desmontó y casi reverencialmente se acercó a uno de los árboles, admirando bajo la luz del sol el color y la forma que le ofrecía la Naturaleza, la belleza la envolvió.
De pronto esa sensación desapareció, una nube se interpuso delante del sol, los almendros adquirían un tono más triste, el aire levantó pétalos formando un curioso remolino. De entre ellos una oscura figura apareció acercándose con gracilidad hacia donde allí se encontraba. La sensación que tuvo la joven es que el remolino había traído a esa persona, pero tras unos instantes de duda recordó el motivo que la había llevado hasta allí.
La figura caminó en silencio hacia ella. Sus holgadas ropas hacían difícil reconocer su sexo, su cabeza iba cubierta por una capucha y su cara por el embozo de su capa. Cuando habló su voz era claramente femenina, pero no denotaba ningún sentimiento, fría, neutral.
-Lady Siernes Dibrey, un placer el conocernos por fin –Comentó la enigmática mujer mientras realizaba una marcada reverencia con su enguantada mano apoyada en su pecho.
-Supongo que usted debe ser Lirio Rojo -Respondió Malena mientras agarraba con fuerza su pequeña capa, como si esta fuese un escudo contra lo que le pudiese hacer su interlocutora.
-Así es mi Señora. Hable sin temor, estoy aquí para escucharla.
Sólo sus ojos se podían ver a través de su embozo. El sol salió de nuevo y los reveló color ámbar, su miraba estaba cargada de desafío. La noble tomó aire y habló.
-Como debe saber, mi padre es un importante hombre de negocios. Trata con todo tipo de mercancías, sobretodo con telas y artesanía. Hace poco, un joven comerciante llamado Reinhard Deil se ha establecido en la ciudad, vendiendo nuestras mismas mercancías textiles pero a menor precio. Por desgracia, así se esta ganando la fama en la ciudad, a pesar de que es un don nadie sin apellido noble –Explicaba la mujer cada vez más confiada- Mi padre se siente ultrajado por su osadía. No es que ese cualquiera pueda igualar nuestro estatus, no, solo quiere evitar futuros problemas, ¿entiende?
Lirio Rojo asintió levemente. Se ajustó los guantes de piel, se agachó y recogió un puñado de pétalos del suelo.
-¿Qué desea su noble familia de mí?
La joven se estremeció, no imaginaba que resultase tan difícil, había ensayado miles de veces delante de su tocador esa misma conversación pero ahora era la hora de la verdad. ¿Qué sentía? ¿Miedo? ¿Repulsa? Se reprendió a si misma. “¿Dudas ahora Malena? no seas estúpida”. Su único gesto fue una lacónica sonrisa buscando la simpatía de la mujer con la que conversaba.
- Mi familia quiere que se encargue de ese hombre, no una paliza ni asustarle. Debe acabar con él –Inquirió la noble dama mientras con un dedo recorría de lado a lado de su cuello evidenciando el claro gesto. Confiada por su sorprendente fortaleza, continuó con su perorata.- Su casa está al límite del barrio rico de la ciudad. Es bastante llamativa, tiene las paredes pintadas de azul y amarillo, además de guardas en la puerta. Bastante temeroso de los ladrones ¿sabe? Así que también tiene guardas dentro de la casa, dos fuera y cuatro dentro junto con una sirvienta. Se preguntará por qué sé todo eso, supongo. He estado de visita allí, como hija de mi padre soy la encargada de hacer negocios con otros. Estuve muy atenta a esos detalles –Comentaba con una sonrisa de orgullo en sus labios.
-Es usted muy amable dándome esos detalles Lady Siernes Dibrey, pero falta un detalle antes de que pueda aceptar su encargo, ¿no cree? – la voz que salía de la capucha era tranquila, seguía igual de fría.
-¡Ah! Por supuesto, sus honorarios. Mi familia estará dispuesta a pagarle diez mil aceros además de una serie de equipo de gran calidad tales como botas de piel, cinturones traídos desde lejanas tierras, capas exóticas… Todo de gran valor, por supuesto.
-Me parece bien. Quiero la mitad ahora, el resto dentro de una semana cuando acabe mi trabajo. Y no se preocupe, yo me encargaré de encontrarla a usted –Respondió en paz la mujer mientras aplastaba en su mano los pocos pétalos que aún el viento no había arrebatado de su palma.
La hija de los Siernes echó mano a su bolsa. Se había imaginado que habría esa condición, ella era buena comerciante y sabía que en los negocios había que arriesgar de vez en cuando. Le lanzó un pequeño saquito de terciopelo verde.
-Ahí tiene la mitad en joyas, Lirio. Haga buen uso de ello –Comentó dándose aires de grandeza.
-Le recomiendo una cosa si me permite. Celebre una fiesta la noche de dentro de una semana. No algo muy escandaloso, sólo lo suficiente sonado para que las sospechas no recaigan en usted y su familia. Deben estar presentes algún miembro importante de la guardia de la ciudad y su familia al completo debe estar como anfitriones.
La noble se sorprendió ante la perspicacia de la asesina. Ellos eran la mayor competencia de textil de la ciudad, pensarían en ellos los primeros si le ocurría algo a Reinhard, una buena coartada.
-Tiene razón, así se hará, deje eso en mis manos.
Lirio Rojo asintió. El viento sopló de nuevo levantando pétalos de almendro, creando un remolino de tonos rosados. La oscura figura envuelta en telas desapareció entre ellos, esfumándose como un fantasma, solo una voz se oyó susurrante en el oído de Malena.
-Es un placer hacer negocios con usted, suerte.
--------------------Una semana antes--------------------
Malena había conseguido entrar en contacto con ella a través de un extraño camino. El barrio pobre de la ciudad no había sido muy agradable para ella ya que su educación y su vida habían sido siempre acomodada, decente y sobretodo llena de lujos. En esa zona de su querida ciudad la miraban con recelo, odio, lujuria y más de una sonrisa lobuna cargada de codicia. Pero ella estaba decidida, su destino era claro y por un rato de mal olor e incomodidad no pasaría nada. Se acercó altiva a una mujer de ropas descocadas y mucha pintura en su cara. Su cabello era de color rojo como la sangre, “Teñido, seguro. Es demasiado intenso para alguien como ella”, llegó a pensar la noble.
- Disculpe señorita, buscaba a una persona que me dijeron que podría hallar aquí. La llaman Lirio Rojo –Dijo temerosa mientras escondía sus temblorosas manos entre sus telas.
-¿Quién se supone quiere hablar con ella? –Preguntó la prostituta con una sardónica sonrisa y voz cascada.
-Mi nombre es Malena Siernes, hija de la casa Siernes Dibrey –Respondió la joven armándose de valor.
La prostituta no abandonó su gesto irónico, y comenzó a hablar en susurros.
-Bien señorita Dibrey. Salid a cabalgar cerca de la mina, los almendros han florecido y están muy hermosos, será una agradable vista para una hermosa noble –Comentó la mujer mientras giraba sobre sus talones y abandonaba el lugar.
Casi a la carrera abandonó el descuidado barrio y se dirigió a su casa. Se cambió de ropas – nada muy suntuoso, un vestido de brocado bordado a mano con motivos en tonos verdes, una fina red cuajada de perlas sobre su oscuro cabello. Una pequeña capa de armiño cubriendo sus desnudos hombros, y un elegante collar de diamantes que hacían resaltar su esbelto cuello – y se encaminó al establo donde su palafrén blanco, Beldaiel, esperaba ungido y listo para partir.
Los almendros estaban realmente hermosos, sus pétalos rosas y blancos se esparcían por la verde hierva y revoloteaban por el aún fresco aire de promesa de primavera. Por un momento, Malena olvidó el verdadero motivo de su paseo y se deleitó con la visión. Desmontó y casi reverencialmente se acercó a uno de los árboles, admirando bajo la luz del sol el color y la forma que le ofrecía la Naturaleza, la belleza la envolvió.
De pronto esa sensación desapareció, una nube se interpuso delante del sol, los almendros adquirían un tono más triste, el aire levantó pétalos formando un curioso remolino. De entre ellos una oscura figura apareció acercándose con gracilidad hacia donde allí se encontraba. La sensación que tuvo la joven es que el remolino había traído a esa persona, pero tras unos instantes de duda recordó el motivo que la había llevado hasta allí.
La figura caminó en silencio hacia ella. Sus holgadas ropas hacían difícil reconocer su sexo, su cabeza iba cubierta por una capucha y su cara por el embozo de su capa. Cuando habló su voz era claramente femenina, pero no denotaba ningún sentimiento, fría, neutral.
-Lady Siernes Dibrey, un placer el conocernos por fin –Comentó la enigmática mujer mientras realizaba una marcada reverencia con su enguantada mano apoyada en su pecho.
-Supongo que usted debe ser Lirio Rojo -Respondió Malena mientras agarraba con fuerza su pequeña capa, como si esta fuese un escudo contra lo que le pudiese hacer su interlocutora.
-Así es mi Señora. Hable sin temor, estoy aquí para escucharla.
Sólo sus ojos se podían ver a través de su embozo. El sol salió de nuevo y los reveló color ámbar, su miraba estaba cargada de desafío. La noble tomó aire y habló.
-Como debe saber, mi padre es un importante hombre de negocios. Trata con todo tipo de mercancías, sobretodo con telas y artesanía. Hace poco, un joven comerciante llamado Reinhard Deil se ha establecido en la ciudad, vendiendo nuestras mismas mercancías textiles pero a menor precio. Por desgracia, así se esta ganando la fama en la ciudad, a pesar de que es un don nadie sin apellido noble –Explicaba la mujer cada vez más confiada- Mi padre se siente ultrajado por su osadía. No es que ese cualquiera pueda igualar nuestro estatus, no, solo quiere evitar futuros problemas, ¿entiende?
Lirio Rojo asintió levemente. Se ajustó los guantes de piel, se agachó y recogió un puñado de pétalos del suelo.
-¿Qué desea su noble familia de mí?
La joven se estremeció, no imaginaba que resultase tan difícil, había ensayado miles de veces delante de su tocador esa misma conversación pero ahora era la hora de la verdad. ¿Qué sentía? ¿Miedo? ¿Repulsa? Se reprendió a si misma. “¿Dudas ahora Malena? no seas estúpida”. Su único gesto fue una lacónica sonrisa buscando la simpatía de la mujer con la que conversaba.
- Mi familia quiere que se encargue de ese hombre, no una paliza ni asustarle. Debe acabar con él –Inquirió la noble dama mientras con un dedo recorría de lado a lado de su cuello evidenciando el claro gesto. Confiada por su sorprendente fortaleza, continuó con su perorata.- Su casa está al límite del barrio rico de la ciudad. Es bastante llamativa, tiene las paredes pintadas de azul y amarillo, además de guardas en la puerta. Bastante temeroso de los ladrones ¿sabe? Así que también tiene guardas dentro de la casa, dos fuera y cuatro dentro junto con una sirvienta. Se preguntará por qué sé todo eso, supongo. He estado de visita allí, como hija de mi padre soy la encargada de hacer negocios con otros. Estuve muy atenta a esos detalles –Comentaba con una sonrisa de orgullo en sus labios.
-Es usted muy amable dándome esos detalles Lady Siernes Dibrey, pero falta un detalle antes de que pueda aceptar su encargo, ¿no cree? – la voz que salía de la capucha era tranquila, seguía igual de fría.
-¡Ah! Por supuesto, sus honorarios. Mi familia estará dispuesta a pagarle diez mil aceros además de una serie de equipo de gran calidad tales como botas de piel, cinturones traídos desde lejanas tierras, capas exóticas… Todo de gran valor, por supuesto.
-Me parece bien. Quiero la mitad ahora, el resto dentro de una semana cuando acabe mi trabajo. Y no se preocupe, yo me encargaré de encontrarla a usted –Respondió en paz la mujer mientras aplastaba en su mano los pocos pétalos que aún el viento no había arrebatado de su palma.
La hija de los Siernes echó mano a su bolsa. Se había imaginado que habría esa condición, ella era buena comerciante y sabía que en los negocios había que arriesgar de vez en cuando. Le lanzó un pequeño saquito de terciopelo verde.
-Ahí tiene la mitad en joyas, Lirio. Haga buen uso de ello –Comentó dándose aires de grandeza.
-Le recomiendo una cosa si me permite. Celebre una fiesta la noche de dentro de una semana. No algo muy escandaloso, sólo lo suficiente sonado para que las sospechas no recaigan en usted y su familia. Deben estar presentes algún miembro importante de la guardia de la ciudad y su familia al completo debe estar como anfitriones.
La noble se sorprendió ante la perspicacia de la asesina. Ellos eran la mayor competencia de textil de la ciudad, pensarían en ellos los primeros si le ocurría algo a Reinhard, una buena coartada.
-Tiene razón, así se hará, deje eso en mis manos.
Lirio Rojo asintió. El viento sopló de nuevo levantando pétalos de almendro, creando un remolino de tonos rosados. La oscura figura envuelta en telas desapareció entre ellos, esfumándose como un fantasma, solo una voz se oyó susurrante en el oído de Malena.
-Es un placer hacer negocios con usted, suerte.
Abierto
¡Buenas!
Al final hago lo que muchas veces me negue a hacer, crear un blog, ¿que ha cambiado ahora? la verdad es que nada.
Ahora mismo intento salir de una adiccion llamada "WoW" y cualquier cosa que me entretenga me servira: pintar, la llegada de mi primera bjd (bueno, segunda, la primera ya salio de mi casa y fue una experiencia traumatica), escribir un poco sobre mis personajes de rol, y por supuesto mi nueva pareja (el cual tambien jugaba al WoW pero lo dejo con mas facilidad que yo).
La verdad es que no se como empezar, este blog lo creo mas que nada para escribir relatos sobre mi inventada y querida Jachyra Garamonde, una asesina humana, pelirroja de ojos ambarinos, de caracter tempestivo. Fue un personaje mio que cree para jugar al D&D por internet y con el cual he pasado grandes momentos.
Por otro lado tambien puedo ir mezclandolo con asuntos sobre mi, o curiosidades que haya visto, suelo andar mucho rondando por internet y encuentro cosas divertidas a la par que interesantes.
Sin mucho mas que decir me despido de ti, anonimo visitante, o quiza solo de la enorme web que siempre nos mira, nos lee y nos vigila.
Al final hago lo que muchas veces me negue a hacer, crear un blog, ¿que ha cambiado ahora? la verdad es que nada.
Ahora mismo intento salir de una adiccion llamada "WoW" y cualquier cosa que me entretenga me servira: pintar, la llegada de mi primera bjd (bueno, segunda, la primera ya salio de mi casa y fue una experiencia traumatica), escribir un poco sobre mis personajes de rol, y por supuesto mi nueva pareja (el cual tambien jugaba al WoW pero lo dejo con mas facilidad que yo).
La verdad es que no se como empezar, este blog lo creo mas que nada para escribir relatos sobre mi inventada y querida Jachyra Garamonde, una asesina humana, pelirroja de ojos ambarinos, de caracter tempestivo. Fue un personaje mio que cree para jugar al D&D por internet y con el cual he pasado grandes momentos.
Por otro lado tambien puedo ir mezclandolo con asuntos sobre mi, o curiosidades que haya visto, suelo andar mucho rondando por internet y encuentro cosas divertidas a la par que interesantes.
Sin mucho mas que decir me despido de ti, anonimo visitante, o quiza solo de la enorme web que siempre nos mira, nos lee y nos vigila.
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